Libertad de expresión

  • Miércoles, 07 Junio 2017 06:43
  • Publicado en Editorial
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Hoy se  celebra en México el Día de la Libertad de Expresión y una de sus manifestaciones radica en la libertad de prensa y ambas, valga consignar, son derechos humanos que asisten a todas las personas y se encuentran tutelados por los artículos 6 y 7 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos,  respectivamente.

                La celebración de este día, dicho sea de paso, parece ser un acto meramente oficial, como salida o argumento para estrechar las relaciones con los gobernantes en turno. A esta conmemoración debe dársele una connotación social, ligada al periodismo, no con sesgo político o empresarial.

                Es uno de los focos rojos en la crisis de derechos humanos. El ejercicio de ésta es condición para la existencia de otros derechos, pero su situación se degrada por crímenes contra periodistas y la autocensura.  Ya no más muertes exige el gremio en el país, que no es cobijado, ni protegido, ni se les garantizan a sus integrantes sus vidas y por tanto penden de un hilo.

                A los periodistas en México se les debe dar todas las facilidades y libertades para ejercer la actividad y garantizar su integridad física, porque así está consagrada en la Carta Magna, y hay que recordar que nada está por encima de la Constitución, al  menos en el contexto teórico, cuando se debe transferir hoy y siempre al terreno pragmático.

                La pregunta que reviste importancia es: ¿En los hechos hay libertad de expresión en México? Porque los crímenes perpetrados contra loes periodistas dirían que no en un momento dado.

                El retroceso de la libertad de expresión es un punto de quiebre para la confianza hacia el país y del diálogo democrático entre los mexicanos, que desnuda la incapacidad del Estado para proteger libertades y contener la violencia de poderes formales y de facto.

                Hay que redimensionar la libertad de expresión y luchar porque se dé consuetudinariamente en los hechos. Pese a todo, hay que celebrar la libertad de expresión y todo lo que ello implica. Felicidades a los comunicadores y los que escriben diario la historia.

 

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